Cuando la herida de abandono no se genera en la infancia sino en la adolescencia, ¿qué ocurre en la edad adulta?
Las heridas de abandono en la adolescencia pueden generar inseguridad afectiva, miedo al rechazo y patrones de autoexigencia en la adultez.
Causas y fundamentos teóricos
Las heridas de abandono surgen cuando el adolescente percibe una falta de presencia emocional, física o afectiva por parte de figuras significativas. Esta percepción puede ser real o simbólica, y suele estar vinculada a:
- Separaciones abruptas (divorcios, mudanzas, pérdidas)
- Padres emocionalmente ausentes o inconsistentes
- Ambientes familiares impredecibles o negligentes
- Rechazo explícito o implícito por parte de figuras significativas
Signos, síntomas en la adultez y conductas observables.
Cuando una herida de abandono no ha sido reconocida ni elaborada en profundidad, puede seguir manifestándose en la vida adulta a través de patrones emocionales y relacionales que generan sufrimiento silencioso. Estas señales no siempre son evidentes, pero suelen aparecer en momentos de vulnerabilidad, vínculos significativos o transiciones importantes.
Una de las manifestaciones más frecuentes es el miedo intenso al rechazo o a ser excluido. La persona puede vivir las relaciones con una constante sensación de amenaza, interpretando gestos neutros como señales de desaprobación o abandono inminente. Este temor puede llevar a evitar vínculos profundos o, por el contrario, a aferrarse con ansiedad a quienes le rodean.
También es común desarrollar una autoexigencia extrema, como si tuviera que demostrar constantemente que “merece” afecto, atención o permanencia. Esta exigencia puede traducirse en perfeccionismo, sobrecarga emocional o dificultad para descansar sin culpa, como si el amor estuviera condicionado a un rendimiento constante.
En el plano relacional, suele haber una dificultad para establecer límites sanos. El miedo a perder el vínculo puede hacer que la persona se sobre-acomode, ceda más de lo que desea o se silencie para evitar conflictos. Esto puede generar relaciones desequilibradas, donde el cuidado propio queda relegado.
Las dinámicas vinculares tienden a polarizarse entre dos extremos:
- Relaciones dependientes, donde se busca al otro como fuente de seguridad constante.
- O relaciones evitativas, donde se evita el compromiso por temor a revivir el dolor del abandono.
En ambos casos, el vínculo se vive con tensión y ambivalencia.
A nivel interno, muchas personas describen una sensación de vacío o soledad crónica, como si faltara algo esencial que no logran nombrar. Este vacío puede intensificarse en momentos de desconexión emocional, incluso estando acompañadas.
Por último, aparece con frecuencia una ansiedad profunda ante la separación o el desapego, ya sea en vínculos amorosos, amistades o incluso en contextos laborales. La idea de que alguien se aleje puede activar recuerdos emocionales antiguos, generando reacciones desproporcionadas o estados de alerta prolongados.
| Algunas teorías psicológicas que sustentan esta comprensión: |
| Teoría Autor Aporte Teoría del Apego John Bowlby La falta de disponibilidad emocional genera apego inseguro, que se traduce en ansiedad relacional y miedo al abandono. Psicología del Self Heinz Kohut El abandono afecta el desarrollo del self, generando vacíos narcisistas y búsqueda de validación externa. Trauma Relacional Judith Herman El abandono repetido en vínculos significativos puede generar disociación, hipervigilancia y dificultad para confiar. Teoría de los Esquemas Jeffrey Young El esquema de abandono se activa ante señales de desapego, generando reacciones desproporcionadas y conductas de evitación o dependencia. |
Algunas técnicas para acompañar la herida de abandono que pueden ayudar son:
Diálogo con la parte herida
- Escribe una carta a tu “yo niño” o “yo adolescente” que sintió abandono. No para juzgarlo, sino para escucharlo.
- Puedes usar frases como: “Te veo”, “No fue tu culpa”, “Estoy aquí para ti ahora”.
- Si lo prefieres, dibuja cómo imaginas a esa parte de ti y colócala en un lugar visible como recordatorio de tu compromiso con ella.
Ejercicio de límites suaves
- Practica decir “no” en situaciones cotidianas donde sueles sobreadaptarte. Empieza por cosas pequeñas: rechazar una invitación si estás cansado, pedir espacio si lo necesitas.
- Lleva un registro simbólico: cada vez que lo hagas, dibuja una línea, una flor o una estrella en un cuaderno. Es tu mapa de autonomía emocional.
Visualización de vínculo seguro
- Antes de dormir, imagina que estás acompañado por una figura que te da seguridad (puede ser real, imaginaria, espiritual).
- Visualiza que esa figura te sostiene, te escucha y te dice: “No estás solo. Tu valor no depende de que te elijan.”
- Esta práctica ayuda a reconfigurar internamente el vínculo con el apego.
Reescritura simbólica del abandono
- Elige una experiencia pasada donde sentiste abandono. Reescríbela como si tú, desde el presente, pudieras intervenir.
- ¿Qué te dirías? ¿Qué gesto harías? ¿Qué escena nueva crearías?
- Puedes acompañarlo con una ilustración, una piedra que represente el cierre, o una frase que resignifique: “Hoy elijo quedarme.”
| Bibliografía sugerida |
| Bowlby, J. (1988). A Secure Base: Parent-Child Attachment and Healthy Human Development. Basic Books. |
| Herman, J. (1992). Trauma and Recovery. Basic Books. |
| Kohut, H. (1977). The Restoration of the Self. University of Chicago Press. |
| Sayago Psicólogo. (2024). Las heridas del abandono y su impacto en los vínculos |
| Terapify. (2025). Heridas por abandono: cómo nos afectan de adultos |